Gerónimo, el famoso guerrero apache nació en Arizpe, Sonora

Los asentamientos originales de los apaches fueron el noreste de Sonora y el noroeste de Chihuahua, afirma Manuel Rojas. Esto –dijo en entrevista– lo demuestra en su libro Apaches… Fantasmas de la Sierra Madre.

Resultado de imagen para GerónimoLos apaches llaman “tierra madre” a Chihuahua y Sonora, añadió en entrevista.

Es más, su guerrero más famoso, Gerónimo, “fue bautizado en Arizpe”, reveló el investigador. En la obra incluye copia de un documento de la parroquia de la Asunción de María, en Arizpe, Sonora, que certifica que José Gerónimo (indio), hijo de Hermenegildo Moteso y Catalina Chagori, fue bautizado “el primero de junio a mil ochocientos veinte uno.

“Es el momento de decirlo: Mangas Coloradas y Gerónimo son nativos de sus montañas, las queridas ‘montañas azules’ de la Sierra Madre. Tengo el mismo derecho de afirmarlo que mis colegas anglos, quienes lo asumen en la Arizona actual, sin presentar ninguna evidencia documental en una treintena de publicaciones… ¡bienvenida la controversia!”, afirmó Rojas en el libro.

Resultado de imagen para GerónimoGerónimo y Nacho en San Bernardino, Sonora. Foto: Camillius S. Fly (tomada del libro Apaches…)

A pesar de esto: “Hoy día, solamente Chihuahua ha reconciliado su pasado y vinculación con sus hijos de la apachería. Sonora es un capítulo pendiente, a cuya reflexión espero contribuya este trabajo”, escribió.

“En Estados Unidos asumen la paternidad de los apaches”, dijo Rojas, autor de Joaquín Murrieta (“que los chilenos han pretendido siempre arrebatarnos”, afirmó Rascón Banda), El patrio y la cicatriz (el rock en la última frontera). Sin embargo, “hasta 1913 eran considerados prisioneros de guerra”. Luego, explicó, hubo “un cambio en la política interior estadunidense y les quitaron el estatus (de prisioneros de guerra) para poder enrolarlos en la Primera Guerra Mundial”.

Y ofrece otro ejemplo: “¿Por qué pagaba honorarios el gobierno mexicano por la reserva? Porque los prisioneros eran de origen mexicano. Paga por mantenerlos a resguardo”.

Sin embargo, “México no los reconoce porque no se sometieron a la culturización.

“Además, la Sierra Madre y el noreste de Sonora es la más rica región en tradicional oral” sobre los apaches, siguió Rojas, quien fue subdirector de Cultura en la delegación Coyoacán.

Por otro lado, “80 por ciento del conflicto apache sucedió en Sonora y Chihuahua. La mayoría de los enfrentamientos con el ejército estadunidense ocurrió en territorio mexicano”.

Pero la sangre corrió más a cargo de los connacionales: “En el siglo XIX, de las siete matanzas más grandes, sólo dos fueron perpetradas por anglosajones. Las otras cinco, para vergüenza nuestra, fueron encabezadas por mexicanos”.

Para la investigación plasmada en la obra coeditada por los institutos de la cultura chihuahuense y sonorense, Rojas realizó 13 viajes a la Sierra Madre.

Hueco historiográfico

El escritor consideró que en México hay “graves huecos historiográficos, como en (lo que se refiere a) la región de la frontera norte”.

Aseguró que tiene detectados “cientos de documentos de México” en la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson (Universidad de Texas en Austin) y en la Colección Bancroft de América Latina y Occidental (Universidad de California en Berkeley), que podría aportar para futuras investigaciones.

En el prólogo, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda describió: “Esta obra insólita y seductora viene a llenar un gran vacío, una laguna inmensa en nuestra historia.

“Ojalá que este apasionante libro, sustentado en una amplia y sólida bibliografía y en una ardua investigación de campo, se distribuya y llegue a las universidades, a los cubículos de centros de investigación, a las dependencias del sector cultura y al público común que será seducido por este pueblo, esta nación apache, estos guerreros que no están en la historia oficial de ningún bando, perseguidos y perseguidores que vivieron en las áridas tierras de la frontera norte, jugándose la vida”.

Este 2017 salió la segunda edición del libro

A la vista de la amplia documentación novohispana, mexicana y estadunidense, Rojas pone en evidencia que los confines de la nación apache estuvieron en lo que llama “las cuatro esquinas del conflicto”: el sureste de Arizona, sur de Nuevo México, suroeste de Texas, y en territorio nacional el noroeste de Chihuahua y Sonora.

“¿Cuáles nativos americanos, pues? Su país de origen es México y es por circunstancia de la invasión de Estados Unidos de 1846 a 1848 que su nación quedó partida en dos.”

El “tarascazo” de Polk

En la vastedad de su entorno geográfico, la apachería se dividió al menos en siete parcialidades: navajos, lipanes, jicarillas, mezcaleros, mimbreños, chiriguas y coyoteros.

“Los misioneros españoles concibieron a los apaches no como desplazados, sino como intrusos; no supieron entenderlos, y en ese equívoco los perdimos como aliados formidables: pudieron ser valladar ante la invasión estadunidense, primero en Texas (1836); y, 10 años después, con el tarascazo (“mordisco gigantesco”) del presidente James Knox Polk a la mitad de los territorios mexicanos tras la invasión gringa de 1846, que culminó con el humillante tratado de Guadalupe-Hidalgo el 2 de febrero de 1848.

“Para 1874, Porfirio Díaz y el presidente Ulises S. Grant acordaron establecer la Reservación de los Apaches en San Carlos, Arizona, y hay un documento que presento en mi libro donde resulta que al encargado de ese confinamiento en Estados Unidos, ¡el que le pagaba su sueldo era el gobierno mexicano, Porfirio Díaz, 150 pesos mensuales! Como mexicanos, ¿quién entiende eso? Ningún intelectual orgánico se ha atrevido a explorar esa interrogante. Yo no estoy inventando nada. Ahí hay una veta que los historiadores y los cineastas se han negado a explorar.”

Previo a la bibliografía, en el apartado
final del volumen, “Lego en Derechos de Autor” (página 415), Rojas acusa que la edición anterior de Apaches… produjo “dos pésimos libros” alentados por un “desafortunado oportunismo”: Apaches del Desierto y Últimos apaches en Nácori Chico, de Javier Ortega Urquidi y Rodolfo Rascón Valencia.

Al son de la Doctrina Monroe

De los 17 capítulos en Apaches… fantasmas de la Sierra Madre, que pueden leerse como novela épica, destacan los dedicados a los jefes Mangas Coloradas, José Cochise, Gerónimo, Pluma Blanca, Victorio, Juli, Juh, Loco, Chihuahua, Chato, Nacho, Taza, Nana o El apache Elías, y las mujeres Petra Dayaundil Luz del amanecer, Inés, Bostezo…

Expone Manuel Rojas.

“Uno de los aspectos reveladores en la historia de la apachería es que de cinco grandes batallas que hubo en el siglo XIX, cuatro se libraron en suelo mexicano, en Sonora y en Chihuahua. Este aspecto ha sido soslayado incluso por nuestros cineastas y entre mis proyectos futuros, haré una propuesta al INAH para realizar un documental en las zonas de conflicto apache.

“La más grande batalla entre apaches y soldados sucedió el 10 de enero de 1850, posterior a la invasión gringa, en Pozo Hediondo, actualmente Bella Esperanza, Sonora, con una confederación de 450 apaches comandados por Mangas Coloradas, el caudillo más importante de la apachería del siglo XIX.”

Se refiere al combate “a 12 kilómetros de Nacozari”, enfrentando a un centenar de irregulares de Chihuahua, “soldados presidiales como se les conoció”, al mando del capitán Ignacio Pesqueira (1829-1886), quien al paso de los años gobernó Sonora (1857-1861).

“Si nos ponemos a entablar parámetros con el desmembramiento geográfico de México y el desmantelamiento de las fuerzas presidiales en la frontera norte, nos damos cuenta que fue un grandísimo error del gobierno centralista mexicano que, teniendo a su lado a los apaches, los hayan licenciado. Eso aconteció cinco años antes, cuando vino la revuelta de los colonos anglosajones de Texas. Mandaron a los apaches al desempleo y les quitaron las raciones alimenticias que les daban a sus familias, o sea, que los pusieron en contra, porque eran aliados y soldados fieles empleados del gobierno de México hasta 1831, cuando los dan de baja.”

La “miopía gubernamental” le abrió la puerta para que el expansionismo anglosajón “y verbigracia, la Doctrina Monroe” tuviese como punta de lanza “la anexión de Texas en 1836 y después la invasión de Estados Unidos robando los ricos territorios de Nuevo México, Arizona, Colorado y de la Alta California, que también poseía los estados de Nevada y de Utah”.

Halló documentación insólita sobre Mangas Coloradas, y la fe de bautizo de Nana “el apache José María Elías”. Se cansó de espulgar en los archivos parroquiales de Janos, Chihuahua, que albergaban “cientos de bautizos apaches” y “que desaparecieron misteriosamente”, pues ni la diócesis de Casas Grandes ni la arquidiócesis de Chihuahua los tienen.

“¿Quiénes son mis principales sospechosos? ¡Los gringos!”, reitera, toda vez que “no hay uno ni dos, sino miles de documentos originales de México a la Patagonia desde la Colonia, bajo resguardo” en la Biblioteca Bancroft de Berkeley, California, “que visito a menudo”, y los de la Benson Latin American Collection, en Austin, Texas.

“¿Cómo llegaron allá, y lo peor, cómo es posible que la Secretaría de Relaciones Exteriores no mande una nota diplomática exigiendo la devolución de esos archivos pues son parte de nuestro patrimonio histórico?”

Manuel Rojas refuerza sus analogías:

“No conformes los gringos de habernos arrebatado la mitad del territorio, negociaron una porción extra que es La Mesilla con el Tratado Gadsen, que data de 1854. Por otro lado, es criminal y absurdo que nuestras fuerzas armadas, en lugar de cortar por lo sano esa dependencia, la ha mantenido por los gobiernos neoliberales con las fuerzas armadas de los Estados Unidos y la estén aumentando en una coyuntura, además, en la que nuestro comercio y relaciones exteriores están siendo dañadas por Trump.”

Con entrevista de Tania Molina Ramírez en La Jornada de julio de 2008 y en Proceso de abril de 2017

Esta entrada fue publicada en Notas y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario